Años 50 del siglo pasado. Una modelo se acaba de levantar de la cama y tiene el tiempo justo para arreglarse. Como la noche se alargó bastante hay que hacer todo un tratamiento para reestablecer la piel y se pone en manos del mejor estilista: masajes faciales, depilación facial, pestañas postizas, coloretes, polvos, cremas, peluca, pendientes y se obra el milagro. La modelo está bellísima.
Llega al estudio y el fotógrafo ilumina y dispara. Revela los negativos, realiza algún ajuste mínimo dentro de las posibilidades del momento y consigue una fotografía casi tal cual la modelo llegó al estudio. Es decir una fotografía que hoy consideraríamos auténtica por que muestra la realidad tal como era. No existían las potentes herramientas de la actualidad en la que la realidad se altera constantemente hasta no saber que es verdad y que es mentira.
En la misma época un jefe de redacción de un importante períodico le dice al jefe de la sección de sucesos en urgente llamada teléfonica al bar donde suele ir a tomar una copa por la noche que debe pasarse por una dirección donde hay un aviso de violencia y creen que puede existir un material bueno para el periódico. El periodista y su fotógrafo llegan tarde al lugar. Todo ha ocurrido. Suben las escaleras, y consiguen entrar, la casa está desordenada, y un niño juega en una habitación donde una señora cuida de él mientras la madre del niño está en el hospital por unas heridas de arma blanca. Mientras el reportero habla con la señora en el salón, el fotógrafo le pide si puede ir a hacer una foto al niño, la señora accede. En realidad el reportero lo que está haciendo es entretenerla mientras el fotógrafo busca su foto. Al entrar en la habitación derrama una sopa en el suelo que mancha gran parte de la alfombra, al mismo tiempo pincha al niño levemente con el alfiler que lleva en el sombrero clavado y éste llora rabiosamente, momento en el que hace la foto, la señora entra y enfurecida por lo ocurrido los echa. Pero el trabajo ya está hecho. La foto en blanco y negro es espectacular: un niño agarrado a los barrotes de la cuna llorando mientras un reguero de, podría parecer sangre en blanco y negro, avanza desde la parte baja de la foto hacia la cuna, y un titular que dice: ¡¡¡Prisión!!!
Una vez más estamos ante dos escenarios típicos de aquella época en la que la fotografía de moda o el fotoperiodismo eran supuestamente reales como la vida misma. Fotos hechas sin alterar una realidad que se mostraba tal como era, sin artificios, sin mentiras, sin trucos, sin engañar al ojo ni a la mente.
¿seguro?
No había programas de retoque fotográfico y sin embargo la alteración de la realidad existe desde que existe la realidad. La fotografía es en muchas ocasiones una ficción, que a su vez es un instante real porque ocurrió. Cuando vemos una foto de fotoperiodismo en blanco y negro de la primera mitad del siglo pasado no sabemos, ni sabremos ya, hasta que punto es el resultado de una ficción.
Por tanto es muy común ir descubriendo con el paso del tiempo que la realidad vivida y la fotografiada son una realidad ficticia.
Pie de foto: Fotografía perteneciente a un proyecto inacabado relativo a lo onírico.
